lunes, 2 de agosto de 2010

Vertiente

Tierra de sosegadas lágrimas,

no sé tu nombre. Mis pisadas te han infectado

y tu iris sanguinolento sigue sonriendo

empapando el gran pañuelo gris del aire

como una madre continua.

Y no sé tu nombre pero basta no saberlo

para extender el cuerpo como una de tus raíces,

para ser el meandro que ondea;

la pérdida del alfabeto,

la musa desbaratada al inclinar

el mentón sobre el pecho cuando se yace;

el rostro transparente que sube

punteando la fragua con sus alas.

Allá madera oscura,

aquí tocón de luz

y en medio el desfile de los príncipes

haciendo sonar sus tambores.

No hay lacayos.

No queda nadie en la vanguardia,

ni un peón,

ni una ceniza con ojos es capaz de portear la marcha

golpeando una sábana de cuero

camino de la torre,

de tu extremidad jamás tallada.

Babélicamente fortalecido tu pendón,

dejas que mis dedos entren en la tela que me late,

dejas que me busque en sus orificios,

mientras muchos nombres pasan por mis dedos

sin que tu aliento se inmute.

Y pasan

muchas lágrimas sobre tus lágrimas,

pasan

muchos desiertos sobre tus desiertos

y muchos confines sobre tu mejilla.

Poséeme, te digo,

cuando el viento nace de tus párpados,

como si yo fuera el que sopla sobre tu ardor

nacido de mis párpados.

Extiéndeme, me dices,

por todos los ritos,

dale a cada ceremonia el rigor del ángel que amparo

invisible dentro de sus propios ojos,

lejos del cielo y las batallas;

que bajen tus dedos, como la sangre llovida que te doy

cuando ciego me caminas,

por mis cabellos como si fueran la misma lluvia

moliendo nuestras entrañas.

No hay polvo ni ceniza,

somos nuestra respiración

tatuada en la bolsa de la boca;

si la vacías me hincho como el buche de un pájaro,

si la vacío me colmas y me llevas lejos de mí,

y es como si el beso y la pisada dieran forma al espacio

desde el que ambos excluimos nuestra presencia.



Autor: Swompka

1 comentario:

Mon dijo...

Me gusta mucho. Abrazo para los dos. Gracias.